LAS PRIMERAS VECES

Salió, sigilosa, a estirar las piernas con la cara enmascarada en sus largos bucles dorados y la mirada vigilante de quien se esfuerza en mostrar grandeza, cuando lo que siente es incertidumbre. Era la cuarta vez que ocurría aquella semana y ya empezaba a sentirse extraña. No bebía ni fumaba, algo inusual en personas de hombros débiles, pero, en aquellos momentos, necesitaba saber, como nunca, lo que se sentía al mirar al abismo a los ojos. La sirena sonó, y con la hiel aun rompiéndose en sus labios, recompuso los jirones de su uniforme con urgente necesidad y se encaminó, de nuevo, hacia su aula.

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!EL FUTURO ES DE TODOS!

Es natural que el éxito artístico espontáneo poco tenga que ver con el talento. La fórmula para la notoriedad es una ecuación en la que intervienen los siguientes parámetros: estar en el lugar indicado, en el momento justo y con el discurso idóneo. Por tanto, circunstancia e idoneidad son, a la postre, los factores que inducen a conseguir el ansiado favor del azaroso e indolente público. Solo cuando hay talento de sobra y ausencia de todo lo demás se introduce un índice corrector: la longevidad.

Cuando la historia clasifica una época, en su proceso de mitificación, cualquier artista que no hubiera recibido un justo reconocimiento en su momento será convertido en incunable, en objeto de culto o en un modelo icónico del buen gusto. Será transformado, en definitiva, en una reliquia necesaria, pues mucha de la producción artística que quedó como excedente, y que no obtuvo trascendencia en el pasado, será susceptible de convertirse en sensación imprescindible de los tiempos modernos. Esta es la razón por la que el refrán “que hablen de ti aunque sea mal” cobra completo sentido, y es que dejar impronta en un mundo artísticamente cíclico, basado en la reinvención, asegura la admiración de simpatizantes en el futuro o al menos su empatía.

Llegados a este punto, sobreviene una pregunta: ¿Cómo podría conseguir eternidad un producto artístico que no encuentra hueco en el presente? La respuesta, a mi juicio, la da la autenticidad. El único atributo que hace que una obra sobreviva al barrido revisionista del tiempo es este elemento. Una obra artística, convenidamente adaptada a un tiempo, puede producir un beneficio inmediato –es el premio del seguidismo- No obstante, cualquier obra realizada con personalidad que no goce del beneplácito del público en un periodo concreto, sin duda, disfrutará de especial mención en el futuro dado que, en la búsqueda de lo nuevo, el pasado siempre juega un importante papel. Es por eso que, en la actualidad, imitar a artistas auténticos, por más flagrante que sea la copia, asegura también admiración (Es el nuevo tal.., la versión moderna de…, no se hacía nada parecido desde aquél…) Es como si la marca se traspasase transcurrido un determinado espacio de tiempo. Se trata del poder curativo del tiempo que cambia lo “viejo” por lo “autentico” de una forma mágica. Algo que me trae a la mente la imagen de ese amigo al que siempre se le pide que imite a algún personaje porque sus colegas, invariablemente, se desternillan con sus interpretaciones de personajes mutados, con una parte nueva marca de la casa, pero categóricamente fiel al original, valorándose más el punto de complicidad que extrañamente se genera que el fondo del discurso.

Ahora imaginemos la siguiente fábula: A un chico se le apareció un genio que, como no podía ser de otro modo, le concedió un deseo en agradecimiento por liberarlo de su prisión en forma de lámpara. El chico, codiciosamente, le demandó al genio ser rico y famoso, y el genio, como evitando hacer el conjuro mágico, le dio al chico la fórmula del éxito para que lo consiguiera por sí mismo diciéndole con voz gruesa. -“Deberás guardar todo lo que compres, jamás tires nada. Serás rico y famoso, te lo garantizo”. El joven -que situaremos en los sobrios años cincuenta- coleccionó cada cosa que compró y recopiló cada cromo, moneda u objeto inservible que le cayó cerca. Muchos años después, y tras pasar un calvario por la ausencia de ingresos, se vio transformado a los ojos de todo el mundo -dado lo obsesivo de su comportamiento- en un incómodo trastornado mental. Esta situación acabó provocando que un vecino diera el aviso a la policía para que desahuciaran al chico, convertido ya en un anciano. Al personarse los agentes y ser recibidos por aquel viejo loco quedaron de piedra al descubrir la cantidad de reliquias y tesoros que amontonaba en aquella casa. Chucherías de otros tiempos con un valor casi incalculable en la actualidad, y lejos de ser expulsado y multado por su comportamiento antisocial, el anciano recibió las más suculentas ofertas por cada bártulo, enser o baratija que poseía. Morralla de otros tiempos convertida ahora en oro por obra y gracia del minutero. Es así como aquel chico se convirtió en un hombre rico y famoso al fin, cumpliéndose irónicamente su deseo de juventud ya a la vejez.

Esta fábula se resume en que todo lo que pervive en el tiempo se revaloriza y gana profundidad; lo bueno, lo malo, los descartes, incluso lo infame. Es por esto que dejar una impronta en el mundo es importante, a modo de legado para las generaciones que vendrán. Primero porque creer en uno mismo, sin mayores tribulaciones que la necesidad de expresar la verdadera naturaleza interior, es algo que todos debiéramos hacer por un sentido espiritual que, lamentablemente, esta sociedad del recreo ególatra ha anulado, y después, porque cualquier cosa que hagamos hoy, pese a que no sea comprendida o no genere interés, será como contribuir con un mensaje en la botella del tiempo a la espera de un futuro menos injusto. Por este motivo, cuando alguien trate de disuadirte de que lo que haces no tiene interés, podrás responderle con la frase del gran poeta latino Ovidio: “Abeunt studia in mores”

–Lo que se persigue con celo hoy se convierte en costumbre mañana-

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CÓMO SER GATO ETERNAMENTE

Y regresé al cielo dispuesto a empezar de nuevo. “El tobogán” (como se conoce allí al juego) es parecido a una atracción acuática, solo que al caer no hay agua sino vida. Durante el descenso todo resulta fortuito. Nada de predeterminismos ni de dioses entrometidos. El tiempo, el espacio y el destino se mezclan naturalmente y solo hay dos reglas para comenzar: No se recuerda nada del juego anterior, y se elige el personaje del siguiente si no se superan los quince años de vida.

¡Otra vez me tocaba elegir!… Me senté en “el tobogán”, cerré los ojos, salté y grité: -¡quiero ser un gato!

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DISCOS CONCEPTUALES (AUGE Y CAÍDA)

Cuando se habla de un disco conceptual a todos nos embarga una sensación de gran intelectualidad.  Quien los compone se posiciona como un músico muy capaz -comprometido con el arte- y quien los escucha siente la necesidad de atusarse el bigote, beber liquidos de cien colores en deformadas copas y leer a Kafka.

La mayoría de ellos son una insufla pretenciosa y pretendida. La idea del disco has de creerla porque el artista quiere, las canciones son retales compuestos por separado y el hilo conductor no conmueve la historia, no obstante, existen obras realmente grandilocuentes, acertadas en su contexto y cargadas de un sentido mágico.

Durante los ´70 fueron muy populares. Aquella fue una época en la que el oyente hacía un esfuerzo positivo por entender al artista, se vendían discos que se deglutían con ansia y, en definitiva, había una sana rivalidad entre músicos por alcanzar elevadas cotas de genialidad sin esperar grandes cheques a cambio.

Un repaso por lo mejor y lo peor del género da a entender por qué se ha abandonado esta curiosa forma de arte.

La primera obra conceptual fue aquel SF Sorrow de Pretty Things, amen del Sargent Peppers de los Beatles, una banda inglesa que prácticamente solo hizo esto como destacable. Un disco disfrutable de pop-rock psicodélico del año ´68 basado en la vida un personaje ficticio, Sebastián F. Sorrow. Pete Townshend, compositor de The Who, cogió la idea y abrió el mercado de lo conceptual con el eterno Tommy un año después, éste disco, por momentos ingenuo, es equilibrado y realmente efectivo además de estar diseñado de un modo casi operístico, algo que inflamó la imaginación de los músicos dedicados al rock progresivo que pasaron a hacer art-rock o rock sinfónico en lo sucesivo.

Las canciones de Tommy se pueden escuchar de un modo muy natural, dejándote mecer por la trama de aquel chico sordo, ciego y mudo que era la quintaesencia del pinball. Al parecer su filosofía fue tan sobrecogedora que incluso fue aclamado por religiosos y gente de la cultura denominada “seria”. Townshend repetiría la jugada con Quadrophenia en 1973, otra deliciosa obra en formato operístico a cerca de un mod inadaptado y su compleja vida suburbial. No tiene la frescura de Tommy, es un disco mucho más oscuro y duro pero la banda que conformaba The Who en aquella época era tan poderosa que cualquier cosa que tocaran hacía que se te pusieran los pies para atrás. Solo por “The Rock” ya merece la pena tener el disco.

El cénit del genero lo alcanzaron Pink Floyd con The Dark Side of The Moon, disco con el que se suele descubrir si lo tuyo es la música o no. Está lleno de matices, mensajes semiocultos, emociones tremendamente bien tratadas y un discurso existencial sobre la vida, la muerte, la locura, la agresividad y la codicia. Una obra realmente evocadora y que es, en definitiva, una oda al ser humano y su ambigua condición. El disco se mantuvo milagrosamente durante 13 años en las listas de éxitos de medio mundo, algo tan asombroso e incomprensible que solo se entiende si se analiza que el interés que ha despertado durante generaciones se debe a la empatía inmediata que despiertan sus textos y su música, además de conseguir una exquisita simpleza en su totémica complejidad. Escuché este disco en vinilo con 15 años de edad y después deseé no haberlo vuelto a hacer nunca, de este modo hubiera conservado siempre la impactante sensación que tuve aquella primera vez. La profundidad y desgarradora fuerza de “Eclipse”, última canción del disco que sirve como epílogo de lo que se ha manifestado en los anteriores cortes, resulta tan espiritualmente evocadora y musicalmente hermosa que, cuando una “voz en off” remarca la esencia final del disco -there is not dark side in the moon, really as a matter of fact there is all dark- te sientes terriblemente humano.

Pink Floyd hicieron muchas más obras del estilo pues casi todos sus discos son de temática conceptual. Wish You Where Here, es un canto a la locura de su malogrado primer guitarrista (Syd Barret). Animals, se basa en una fábula de George Orwell (rebelión en la granja) y The Wall ahonda en las represiones fascistas y la política como medio de control de masas a través de Pink, su exiguo protagonista. Pink Floyd es y será una banda realmente imprescindible porque, a diferencia de sus coetáneos, ellos eran músicos sin virtuosismo que supieron plasmar sus ideas de un modo comprensible y cercano a todos (intelectuales y hooligans).

Por otra parte, los albumes concepto de temática “glam” fueron The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars de David Bowie, Goodbye Yellow Brick Road y Madman Across The Water de Elton John. Ambos se apuntaron a la moda para ampliar su público y lo consiguieron pese a que estos discos han terminado siendo más de culto siendo los tres absolutamente fantásticos. El primero basado en una estrella del rock sideral ahogado en su propio éxito, el segundo, mucho menos conceptual, es un disco basado en unas letras sofisticadísimas sobre personajes y vapores de los años ´30 y ´40. Madman Across The Water, en cambio, es un disco muy lírico dedicado a los desmanes políticos de Richard Nixon. Todos ellos son las obras cumbres de sus creadores y son disfrutables de principio a fin.

Los grupos progresivos de la época, como es natural, quisieron también facturar sus creaciones temáticas. Pese a que In The Court Of Crimson King de King Crimson se considere uno de ellos, la idea en sí no se sostiene, no obstante, la atmósfera obscura y envolvente del disco, junto con unas letras tan hirientes como hermosas, lo convierten en una disparo al centro de la imaginación de una exquisitez supina.

Jethro Tull, el grupo del alucinado flautista Ian Anderson, realizó dos que han permanecido como clásicos del género pese a ser más indigestos que la flauta de su cantante. Tick As a Brick, falsamente basado en el relato subversivo de un niño pasado de vueltas y A Pasión Play, del que no se sabe muy bien su temática. Son densos manifiestos de lo que hubo en la época, discos con dos únicas canciones de más de 20 minutos, centenares de solos, complejísimas partituras, estructuras musicales imposibles y, a la postre, solo un ejercicio de onanismo musical apabuyante y prescindible. Después de estás dos obras,Ian Anderson perdió la creatividad tan aceleradamente como su pelo.

Yes, tal vez el grupo más inquietantemente famoso de la historia de la música junto con Steely Dan, hizo varias. Close To The Edge. Su canto de cisne, un disco complicado pero fabuloso y Tales Of Topographic Oceans, del que se dice que ponen a los presos de Guantánamo a todo volumen para obligarles a confesar las atrocidades más inimaginables, un desmadre que provocó el inicio del declive conceptualístico y sinfónico. El remate lo pusieron E,L&P con aquel delirio absurdo que fue Love Beach.

Por su parte, los antes citados, Emerson, Lake and Palmer, que fueron quienes llevaron al género sinfónico a la cúspide en el año 1974 con el enorme y celebérrimo Brain Salad Surgery, se encargaron de asesinarlo, en adelante, con obras que olían a muerto y luchas intestinas como Works I y II o el citado Love Beach.

Mejor calidad tienen Camel con The Snow Goose, similar en su elaboración a Dark Side Of The Moon, sencillez, cercanía y emoción. Es un delicioso disco instrumental, basado en un relato de Paul Gallito, que ha envejecido mal pero que es exponente de aquel rock de canterbury tan injustamente apartado.

Genesis, por su parte, colaboró con The Lamb Lies Down On Brodway, un disco terriblemente difícil con algunas piezas sobresalientes. El concepto es imposible de descifrar, se basa en algún brote esquizofrénico de Peter Gabriel y mezcla futurismo, aberraciones lovecraftianas, transmutaciones y mil disparates más, no obstante, es una obra altamente gozosa y admirablemente compuesta.

Una especial mención merecen las obras dedicadas al diablo, mis favoritas, por otra parte.

A finales de los ´60 y durante todos los ´70 se generó un sorprendente interés por el maligno, sectas asesinas como las de Manson (en cuyas filas llegó a estar Denis Wilson, batería de Beach Boys), comenzaron a proliferar. Un resucitado Aleyster Crowley, el último brujo, se paseaba por los discos de artistas como Beatles, Led Zeppelin o Black Sabbath y el cine reflejaba cada vez más el tema en sobrecogedoras películas como la “Semilla del Diablo”.

Definitivamente muchos músicos sucumbieron a la posesión, algunos de ellos solo por mero maketing como Black Sabbath, y otros realmente entregados a lo demoníaco. A partir de los ´80 el diablo se interesó más por Wall Street y para el 2000 perdió el interés completamente por la música comenzando a frecuentar políticos, para gran decepción de sus devotos más tradicionales.

Fueron Aphrodite´s Child quienes estrenaron el género pues grabaron 666 (el Testamento según San Juan) en 1969, prohibiendo la discográfica su publicación hasta el año ´72. Es un disco lisérgico y tremendamente divertido del que Demis Russos y Vangelis aún deben estar recuperándose. Contiene fragmentos bíblicos, todo el asunto de los sellos, el Cordero de Dios y una suerte de exorcismo de 20 minutos en “all the seats were occupied”, demoledora pieza final del álbum. Este disco es tremendo de cabo a rabo y una rareza descomunal por lo antagónico de su música antes y después del íncubo, dado que, en lo sucesivo, Vangelis se subió a una torre de sintetizadores, a cual más robótico, para mitad de la década de los ´70 y ya solo le faltaba levitar para perder todo el contacto con la realidad. Por su parte, a Demis Russos, le dio por cantar nanas y aburrirse enormemente.

Black Sabbath, engañaron a todo el mundo con su primer disco homónimo, no obstante, sigue tan vivo a día de hoy que solo puede ser obra del diablo. El asunto satanista no se lo creían ni ellos, de hecho, en discos posteriores, pese a toda la pompa diablesca de las portadas, llegaron a tener canciones con letras que parecían sacadas de la hoja parroquial.

Al igual que Sabbath, la leyenda sobre el satanismo de Led Zeppelin fue solo una campaña de marketing muy bien urdida, en realidad, todos menos Jimmy Page y más por curiosidad que por otra cosa, eran buenos chicos que tomaban su te a las 5 de la tarde como todo el mundo. Su Led Zeppelin IV o Four Simbols, es un disco concepto en el sentido de la simbología rúnica que presentan, un símbolo que les definía a cada uno como músico y persona. El propio disco, incluyendo la embrujada Stairway To Heaven, está dedicado a la naturaleza y a una épica al estilo del Señor de los Anillos…Nada de sangre para acompañar la carne los niños que todos pensaban que se zampaban.

De toda esta caterva de demonios de bazar chino, algunos dan realmente miedo. Este es el caso de Coven, un grupo americano que fue despedido de su discográfica por incluir en un disco una misa negra con instrucciones en el libreto del disco para seguirla correctamente. El disco en cuestión “Witchcraft destroys minds and reap souls” es una obra dedicada al diablo de un modo muy peculiar, blues rotos, voces arenosas, riffs trágicos y la voz solista de una chica que no te llevarías nunca a la cama. He de confesar que tuve muchos reparos en escuchar la misa negra, “satanic mass”, al principio pero, una vez que lo haces ya no puedes dejarla. En el año 1970, en un mundo en que la minifalda llegaba hasta las rodillas, llevar patillas era de comunistas y el sentido discurso de paz y amor inundaba los corazones de todos, estos tíos andaban por ahí chillando Hail Satán! enloquecidamente en un disco. Realmente atómico, no solo por el sentido del salmo sino por el valor de hacer esto en la convulsa Norte América de principios de los ´70, donde se quemaban discos solo por incluir malsonancias. Seguramente el aquelarre no haga aparecer al señor de las tinieblas, pero te puede hacer reír mucho si lo pones a todo volumen unos minutos antes de que unos testigos de Jehová toquen a tu puerta.

Otra banda ocultista fue Black Widow. Estos no eran más que una banda mediocre de rock progresivo que no se comió ni un colín pero que interpretaban rituales satánicos en plena escena. Tipos con espadas intentando degollar vírgenes, collares de calaveras, velas, bichos muertos, en definitiva, toda la parafernalia de Belcebú y Co. en directo mientras ellos tocaban cualquier cosa que diera miedo. Al parecer llegaron a colaborar con Alex Sanders (el rey de los brujos) un tipo escalofriante con un bagaje terrorífico a sus espaldas, esto los alejó de grandes públicos y acabó con su carrera, actualmente sería como si Sandro Rey apareciera en los títulos de crédito de tu disco, antes daban más miedo, eso es seguro. Su disco de referencia, Sacrifice, es un collage entre Stonehenge y la cultura pop.

Volviendo ya a la normalidad, existen otros discos conceptuales fantásticos como Joe Garaje de Frank Zappa, Moody Blues con su Days of Future Passed y la dramática Nights in White Satin. Uriah Heep con Demons and Wizards o The Magicians Birthday, The Kinks con Arthur, Rush con el decepcionante 2112, Alan Parsons con la adaptación fofa de los cuentos de Poe en Tales of  Mistery and Imagination o Mike Oldfield y su ultra amortizado Tubular Bells.

Una cosa que pocos saben es que Frank Sinatra grabó varios conceptuales, desde los ´50 hasta bien entrados los ´70, algunos muy difíciles de conseguir y de una enorme calidad musical y humana.

De los ´80 en adelante el género cayó en desuso y actualmente es solo una reliquia de museo. Algunas bandas muy aviesas, como los barceloneses Standstill, realizaron un disco triple, “Adelante Bonaparte”, jugándosela muchísimo. El disco cuenta una historia circular, excesivamente pretenciosa a mi modo de ver, sobre la vida y la muerte desde el punto de vista de K, un personaje ficticio que aparenta ser su cantante. Los suecos Sigur Ros también han empleado el recurso como elemento para hacer su música más profunda pero, en definitiva, el asunto conceptual está perdido, principalmente porque los clásicos del género pusieron el listón excesivamente alto y porque la fiebre del compromiso cultural entre el músico, su obra y el público ya no tiene la conexión sesuda que tenía antaño.

A pesar de todo, los temas siguen ahí, se puede hablar de la vida secreta de las plantas como hizo Stevie Wonder y ponerle nombres de flores a las canciones sin más o leerse las Mil y una noches y hacer todo un disco dedicado al tema como hicieran Renaissance en Sherezade and Other Stories. Tal vez el disco conceptual más fabuloso de todos los tiempos. Una obra enorme, con alusiones directas a Romski Korsakov, tan magnificamente compuesta e interpretada que asombra su desconocimiento popular. Su cantante, Annie Haslam, alcanzaba cinco octavas de rango vocal, algo que al servicio del rock, es un arma de emoción masiva.

Mientras haya músicos con cultura habrá obras conceptuales, siempre que no se pasen los límites como hicieran Los Canarios en 1974 con aquella aberración que fue “Ciclos”, un disco doble que emulaba las cuatro estaciones de Vivaldi y que les costó salir a pedradas de más de un concierto. A Teddy Bautista debieran haberle puesto como agravante haber hecho este disco en el juicio contra la SGAE.

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LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (LA MÚSICA Y SU DOBLE)

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER

 

La música y su doble

 

 

Por algún inquietante motivo, la lealtad a los principios, el peso de la fama y los imponderables, ofrecen testimonios que se debaten entre la justicia poética y la suerte oportunista. Justa o injustamente, las moiras del destino dan y quitan, en un ejercicio de ecuanimidad salomónica, una vez que descubren que a algunos les ha sido dado de más al comenzar la partida. Éste es el caso de tres músicos fallecidos durante este infausto año 2013. Ray Manzarek, teclista y fundador de los sustanciales The Doors, Albin Lee, guitarrista, cantante y fundador de los seminales Ten Years After y de Peter Banks, guitarrista y fundador de los mastodónticos YES.

Sus historias son coincidentes en los denominadores comunes: Lugar, tiempo, oportunidad y decadencia personal. Los tres fundaron bandas musicales de una trascendencia determinante para entender el concepto primigenio del rock and roll y los tres se diluyeron en la memoria del tiempo sin alcanzar, ni de lejos, su glorioso pasado.

Tras la muerte de Jim Morrison en 1970, Ray Manzarek, decide continuar con el proyecto “Doors” en una jugada psicopática que mantuviera su cuenta bancaria incólume. Editó dos desastrosos álbumes, tan vacuos, que convirtieron a Morrison en una figura emblemática inefable y relegó al resto de la banda al estatus de meros colaboradores al uso. La carrera posterior de Ray se devanea entre la nostalgia y la abominación, con obras mediocres -pese al jardín de eminencias que participan en ellos- (Joe Walsh, Patti Smith, Flo & Eddie). A finales de los ´70 trató de ponerse al día con músicos de Blondie (Nigel Harrison) formando Nite City y lanzando dos discos en los que -deja hacer a la banda- para pasar a un segundo plano, como en los viejos tiempos, pero sin relevancia alguna. Después de aquello, editó Carmina Burana, convirtiéndose en el Luis Cobos americano, y se dedicó a vampirizar la figura y la memoria de Morrison sin escrúpulos.

Ray+Manzarek+The+Doors

Alvin Lee sufrió el mal de la autenticidad. Destacó como el más rápido guitarrista de los ´60. Actuó en Woodstook y saboreo las mieles del éxito hasta mediados de los ´70 con Ten Years After. Una banda de blues-rock duro que editó diez discos y que Albin abandonó por su amor al blues tradicional, cansado ya de las presiones pop que TYA ejercían sobre su ego. Canciones como I´d love to change the World o Love like a man, aún suenan rotundas en las emisoras de radio e influencian a miles de guitarristas primerizos. Su esfuerzos por mantenerse sensato y singular después aquello no le dieron más que el estatus de vieja leyenda de los ´60, obligada a resucitar al cadáver de TYA cada poco tiempo para poder pagar la hipoteca de su casa.

Peter Banks fue un super guitarrista, un hombre de carácter afable e indiscutible técnica al que acompañaron grandiosos músicos durante los ´70 (Phil Collins, John Wetton) Tras lanzar los dos primeros y decisivos álbumes de YES -sin los que la exitosa erupción musical posterior de éstos no hubiera sido posible- se siente devaluado y abandona la formación, trabajando posteriormente en una innumerable cantidad de proyectos menores y en la gestación de solventes discos en solitario, en los que aportó su intachable talento guitarrístico, pero sin mayores consecuencias. Pese a que sus antiguos compañeros trataron de volver a involucrarlo en posteriores formaciones para giras nostálgicas, él siempre se negó, tratando de valerse por sí mismo. La muerte le sorprendió trabajando en su siguiente disco mientras YES sigue girando apoteósicamente por todo el mundo.

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Como en la afamada obra de Milan Kundera, la agoniosa carga con la que los humanos debemos afrontar la trascendencia de nuestros actos es una pesada losa que, en ocasiones, condiciona perversamente nuestra vida. Cada uno de estos tres músicos permanecerá en la historia indeleblemente unido a aquel avatar que creó en un momento de su existencia, pese a que su voluntad trascender a ello fuera incapaz de imponerse a la insoportable levedad de sus determinaciones posteriores. Es por esto que la vida humana acontece una sola vez y es por esto que nunca podremos averiguar cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles fueron incorrectas. En una situación dada sólo podremos decidir una vez y no nos será ofrecida la oportunidad de una segunda, una tercera o una cuarta vida para comparar esas decisiones, no obstante, no todos podemos decir que, al menos una vez en nuestra vida, hemos dispuesto tan acertadamente como en el caso de Ray, Peter y Alvin. Descansen en paz.

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