VAQUERO CABALLO. EL EJEMPLAR FAVORITO.

Orgullo. Es la primera palabra que me viene a la cabeza al recordar los efectos de Vaquero Caballo durante su última actuación en directo. Orgullo como músico coetáneo pero además también como alicantino y amigo personal.

He tenido un difícil privilegio con ellos. Los presencié en directo como trío en sus inicios y ajeno a su evolución creativa, los he vuelto a revisitar recientemente en la sala Ocho y Medio ya en estado de febril madurez. Mi sensación al abrir el concierto fue la de estar presenciando a gente con un fuerte bagaje artístico y que se lo toma muy en serio. Exhibieron una evolución musical nada autocomplaciente y riesgosa que, francamente, funcionó con altura. Pude paladear un rock complejo y magníficamente ensayado, repleto de melodías y convincentemente presentado. La sorpresa fue descubrir que todos los temas que interpretaron guardaban una línea compositiva muy sólida y sin referencias marcadas de ningún artista. Definitivamente una magistral lección de estilo.

La solidez de los bajos y las envolturas mágicas de los teclados crearon lo más complicado; un ambiente en el que se podía respirar unos cuarenta años de música, desde la psicodelia furibunda hasta pasajes de enorme calidad técnica y acierto compositivo. Inspirados riffs de guitarra enrollados en fabulosas armonías, complejos compases de batería que traían a la mente lo mejor de otras décadas. Coqueteos con la bossa, intrincadas síncopas y la contundencia necesaria como para desear mucho más, y así fue. La banda se creció durante la actuación de un modo encomiable. Cada canción subía la apuesta de la anterior y aquello se reflejó en la interacción cada vez más apasionada del público y en varios minutos de aplausos al finalizar el show.

Vaquero Caballo suenan actuales, nada revisionistas y muy vivos. Me atrevería a decir que hacen ese tipo de rock innovador que suena a gloria en cualquier parte del mundo y que, en buenas manos, pudiera eclosionar en modelo cuando no en moda. Sus arreglos suenan tan adecuados y la dinámica es tan homogénea que incluso despertaron una vieja inquietud esotérica que suelo aplicar a lo musical. El acierto de un buen grupo no es tanto el virtuosismo técnico o capacidad de trabajo como su equilibrio intrínseco. La virtud entre los músicos es esa magia inexplicable que les hacen funcionar bien juntos. Si Keith Richards hubiera compuesto para Engelbert Humperdinck, seguramente hoy no cacarearíamos las canciones de los Rolling Stones tal y como las conocemos. La explicación a esta misteriosa sinergia está en el cosmos. Los signos zodiacales (en los que ya nadie cree por culpa de la televidencia) establecen fabulosas coordenadas de interacción entre los miembros de un grupo dado que la música acentúa sus características personales más profundas.

Me llamaréis loco pero sin necesidad de calzarme la capirote y la túnica sideral, apostaría a que Vaquero Caballo han acertado en esta combinación. Les auguro larga y productiva vida pero les aconsejo que eviten las decisiones en luna llena, no traen más que problemas.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Lion
    Dic 12, 2015 @ 12:46:20

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