Con once años ingresó en un conservatorio para estudiar la carrera de piano pero fue expulsado tan solo un año y medio después. Su comportamiento –díscolo– durante la interpretación de una partitura del celebérrimo compositor Bela Bartok provocó que la reprimenda recibida por el profesor hiciera nacer a Colin Mars.

Desde entonces, alejado del mundo académico e impulsado por una incontrolable frustración creativa, comienza un acercamiento extraordinariamente pasional al universo musical desde cero, huyendo de su displicente pasado disciplinar y motivado por la necesidad de expresarse por sí mismo. Comienza entonces el viaje de Colin a Marte. Un viaje que ha durado 28 hiperactivos años que han dado como fruto las primeras obras de este músico entusiasta.

LLueve Hacia Arriba es su primera obra en ver la luz públicamente.

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Carta a un amigo

Si tú supieras la huella que me has dejado

Si supieras los momentos únicos que me hiciste vivir

Si pudieras vernos desde arriba y, con esa mueca tuya, decirnos a todos que no nos preocupemos más, que todo está bien, que se puede volver a empezar si te dejas deslizar por un tobogán que, además, te ha permitido elegir el personaje que desearas ser cuando bajaras de él, para compensarte, justamente, por el poco tiempo que estuviste entre nosotros.

¿Qué habrás elegido? -me pregunto yo hoy- consciente de que, sea lo que fuere, es seguro que me volverás a encontrar de uno u otro modo.

Hace muchos años pasamos una eternidad cerca de un río, en mitad del cual había un pequeño pedazo de tierra. Aquella tarde, en la que fuimos creadores, reímos tanto que me gusta pensar que, ahora, es allí donde estás; en esa isla mínima y en aquel momento justo en que, para los dos, todo fue tan grande, como el continente más ingente, y tan especial, como el más privativo de los lugares, permaneciendo, cada día, en mi enorgullecido recuerdo de ti, cada uno de esos instantes.

…Hasta que te vuelva a ver en nuestro exclusivo arrecife, amigo, donde seguro, estás ya esperando que continuemos aquel día.

 Gracias por cruzarte en mi vida y por el regalo de tu recuerdo imborrable, mi querido, Oscar Correal Castellanos.