ÉRASE UNA VEZ…

Érase una vez

– ¿!Qué!? – Replicó la mujer con un hilo de desesperación colgándole de la voz –. ¿Quién crees que eres, Charles Perrault?, y supongo que pensarás terminar con “colorín colorado…” o “vivieron felices y comieron perdices…”.

– ¿Y si empiezo así…? – respondió el hombre dejándose llevar –. “Hace mucho, mucho tiempo…”.

La mujer cambió la desesperación por el desánimo. – ¿Estás seguro de esto, Antonio? – dijo.

– Lo estoy, cariño – respondió él confiadísimo –, mi bisabuelo fue cronista, tengo sangre de escritor…

Lamentablemente, jamás comprendió por qué Tráfico desestimó su recurso, pero daba igual porque, en Jefatura,  la leyenda de Antonio “el cuentista” había nacido.